| EVENT NAME | LOCATION | DATE |
| Gobi March | China | 2 Jun 2013 |
| RacingThePlanet: Iceland | Iceland | 4 Aug 2013 |
| Sahara Race | Egypt | 16 Feb 2014 |
| Gobi March | China | 1 June 2014 |
| RacingThePlanet: Madagascar | Madagascar | 31 Aug 2014 |
| Atacama Crossing | Chile | 5 Oct 2014 |
| The Last Desert | Antarctica | 16 Nov 2014 |
| Sahara Race | Egypt | 15 Feb 2015 |
| Gobi March | China | 31 May 2015 |
| Atacama Crossing | Chile | 4 Oct 2015 |
Etapa 6 – The pyramids of GIZA 3 KM
Había llegado el momento de terminar esta aventura y que mejor lugar que en las pirámides de Giza.
Los que habíamos terminado la etapa larga durante la noche tuvimos un día completo descansando en el campamento, pues algunos competidores todavía llegaron al final de la mañana del viernes. Esa noche, nos degustaron con una cena de pan árabe con queso de cabra y te negro. Mientras nos formábamos en una fila para recibir ese manjar, se escuchaban las risas y comentarios ansiosos de todo el campamente, pues nos moríamos de las ganas de volver a comer comida “normal”.
La noche se sintió larga, pues todos teníamos ganas de que amaneciera pronto, para emprender el regreso a las comodidades de la civilización y para descansar y sanar nuestros cuerpos. Sin embargo ya por la mañana se percibía un ambiente de nostalgia. Y es que pasar una semana en este lugar tan apartado del resto del mundo y tan lindo y además, viviendo una experiencia tan extrema, lo hace a uno apreciar la vida de una manera más elemental.
Muy puntual, a las 8 AM caminamos hasta una carretera donde nos subieron a unos grandes buses y emprendimos un viaje de 3 horas para regresar al mundo civilizado.
Llegamos al parque donde se encuentran las pirámides de Giza, cabal a las afueras de Cairo. Nos bajamos en una de las entradas y esperamos a que todo el grupo estuviera reunido. Nos tenían una ruta trasada a través de las pirámides, y nos informaron por medio de altavos que el tiempo de duración de este recorrido no contaría para nuestro ranking en la tabla de posiciones. Simplemente a cada uno nos agregarían 30 minutos por esta etapa, ya sea que la caminaramos o la corrieramos a todo. Esto era para que gozaramos del recorrido y de este lugar tan especial.
Yo me fui caminando con los compañeros de mi carpa. Especialmente porque con nosotros iban dos canadienses a quienes estaban filmando para un documental de televisión y los camarógrafos a penas se podían mover con el equipo que llevaban.
Así pues que entramos todos triunfantes y sonrientes al parque de las piramides. Inciamos el recorrido cerca de la famosa gran esfinge con cuerpo de león, alas de aguila y cabeza humana. Luego bordeamos cada una de las grandes pirámides Keops, Kefren y Miscerinos. Yo iba muy emocionado, no solo por teminar la carrera, sino porque estos monumentos son muy impresionantes y yo tenía mucha ilusión por conocerlos. Apreciamos el tamaño de los grandes trosos de piedra que forman las pirámides y ya pasandoles de cerca, pudimos percibir sus enormes proporciones.
Cruzamos el parque y al salir del perímetro de las pirámides nos enfilamos a una pequeña colina en donde se distinguía la meta. Yo iba con uno de mis compañeros de carpa, Anderson, un carioca (Brazileño de Río de Janeiro) muy buena gente, y juntos subimos la colina. Alli estaba Irene quien me entregó la bandera de Guatemala, y con la ayuda de Anderson la extendimos y cruzamos la meta corriendo.
Después de recibir mi medalla, y de darme sendos abrazos y felicitaciones con varios de mis compañeros de campamento, procedí a la mesa donde estaba la comida. Allí pude deleitar de unos buenos pedazos de pizza y finalmente … una cerveza bien fría.
Terminé agotado, pero muy contento y sobre todo emocionado.
Me llevo del desierto muchas lecciones y aprendizajes. Dejé mucho esfuerzo, sudor y una que otra lágrima, pero me llevo mucho más por las experiencias vividas y los momentos compartidos con personas extraordinarias.
El Sahara es un lugar espectacular que, en su imensidad árida y hostil, esconde grandes misterios que compartió con nosotros.
Gracias a todos por sus mensajes positivos y de apoyo. Me sirvieron para recargarme de energía durante esta gran travesía.
Nos vemos para la próxima aventura …
Ramix
Bueno, lo prometido es deuda, aquí les va el relato de lo acontecido en la marcha larga la de los 86 KM.
Salimos corriendo hacia un gran valle de arena y piedras, que debìamos atravezar. Iniciaba desde el campamento y terminaba en una montaña que ve veía a lo lejos. 22 KM de un valle que ondulaba con pequeños cerritos que constantemente había que subir y bajar.
Lo primero que hice fue hacer una revisión mental de mi cuerpo. Mis piernas estaban cansadas, en particular los muslos, pero el resto se sentía bien, considerando el recorrido que llevaba acumulado hasta el momento. Seguramente el esfuerzo del ayer estaba teniendo algún efecto, pero me sentía en disposición para enfrentar este reto.
Luego a planear mi estrategia. Decidí acelerar el ritmo durante la mañana para aprovechar que el sol aún estaba tímido, bajar el paso a eso de las 11:00 am para no desgastarme con el carlor infernal, y luego volver a subir el paso por la tarde, cuando el sol estuviera de retirada. Además resolví caminar (power walk) todas las subidas y correr únicamente en las partes planas y las bajadas. Nada como tener un plan para enfrentar el día.
Mientras corría recordaba lo bien lo habíamos pasado en le campamento la tarde anterior. Como en USA se celebra el Halloween nos tenían preparada una sorpresa, que consistía en una gaseosa (FRIA) para cada uno. El campamento se alborotó de la alegría. Yo me tome una PEPSI bien fría que me supo a gloria. Nada como una PEPSI bien fría a la mitad del desierto.
De pronto noté que me rebasó un competidor, al cual no voy a describir para no delatar su identidad. Este se me había acercado la noche anterior para mencionarme que venía muy cercano a mi en la tabla de posiciones, pero que para el esta no era una competencia. Yo le contesté que para mi tampoco lo era, pero algo me dejó con el sentimiento que no me estaba siendo sincero.
Decidí dejarlo pasar, pero me di cuenta que a cada rato se volteaba para ver donde iba yo. ¿Y este era el que no estaba compitiendo conmigo? En ese momento, se me encendió mi lado competitivo y decidí que no lo podía dejar ganar.
Se me ocurrió aplicar algunas de las técnicas que he aprendido leyendo libros de deportistas exitosos. Así que lo primero que hice fue seguirlo a una distancia prudente (unos 200 metros), para conocer a mi rival. Vi que, como yo, estaba caminando las subidas y corriendo en las bajadas y lo plano. El caminaba muy rápido, pero en la corrida yo era mejor. Habían pasado cerca de 6 KM de recorrido, asì que quedaban mas o menos 5 para llegar al siguiente punto de control y 16 para llegar a las montañas. Y con esta información, puse en práctica mi plan de cacería.
Me esforcé por mantnerme a no menos de entre 200 y 300 metros distancia. El volteaba a cada rato e intentaba acelerar el paso. Yo intentaba hacerme el distraido pero lo llevaba bien fijado en la mira. Poco a poco vi como, de la desesperación empezó a correr también en las subidas. Yo seguía caminandolas y aprovechaba a recobrar la distancia perdida en las bajadas y las partes planas. Así nos fuimos hasta el primer punto de control, donde pude ver que pasó con mucha prisa, llenó sus pachones y salió despetacado. Yo, honestamente, hice lo mismo. Con la mala suerta que una de las voluntarias que me ayudo con el agua, me hechó agua en la bolsita en donde llevaba mi comida en polvo, el cual se convirtió en una verdadea melcocha. ¡Tendría que lidear con esto el resto de la carrera!
Pronto me le acerqué de nuevo. El sentía la presión de llevarme atrás así que de nuevo aceleró el paso. Esta vez dejé que se alejara poco a poco. Seguía volteando y seguramente pensó que le estaba funcionando su estrategia. Ya cuando lo llevaba como a unos 500 mentros de distancia, empecé yo a acelerar cada vez que el inciaba un decenso, y por los cerros en que corríamos me perdía de vista. En varias ocasiones me escondí detrás de otros competidores para que el no se fuera dando cuenta que me le venía acercando. De pronto le volví a aparcer como a 200 metros de distancia. Vi como le entró la ansiedad. Y me le pegué a unos 10 metros de distancia. Ahora ya no se volteaba, ya solo sentía que yo venía detrás.
De pronto, desde la cima de uno de los cerros, encontré lo que estaba esperando. Una larga esplanada. Y allì le apliqué una de las de Lance Armstrong. Aceleré y me le puse a lado, asumí la postura mas relajada que pude (para que pensara que iba fresco), le sonreí, y salí corriendo rápido, sabiendo que en lo plano no había forma que me alcanzara. Nunca lo votié a ver, pero esta vez si corrí en todas las subidas, bajasdas y cualquier tipo de terreno que se me atravezó por el camino.
4 KM después llegué a las montañas y al segundo punto de control. Desde allì el ya no se miraba y nunca más lo volví a ver durante el recorrido.
De nuevo llené mis pachones. Me dio tiempo de cantar una canción con unas de las voluntarias, y salí para iniciar el asenso de las montañas. Este punto de control marcaba el ingreso a un parque nacional, en donde se encuentran fósiles de ballenas de mas de 40 millones de años. El asenso era fuerte, en un camino que serpenteaba entre las montañas, y un paisaje divino. Formaciones de roca entre naranjas y amarillo, erosionadas y esculpidas por el viento, y cada cierto tiempo, en el suelo, vestigios de los huesos de las ballenas. Solo pude ver dos fósiles, pues el resto estaban demasiado alejados del camino. Allí aproveche para absorber la paz que se respiraba en ese lugar. El sol ya se hacía sentir, pero soplaba una leve briza y cielo estaba muy azul. Me llené de energía y me sentía feliz de estar allí.
Al teminar de subir vino la correspondiente bajada. Larga pero no tan empinada, donde corrí por última vez esa mañana, pues al teminar de bajar inciaba un gran recorrido de 25 KM, atravezando dunas de arena amarilla y blanda, y esta vez con el sol irradiando el máximo de calor.
No los aburro con todos los detalles del recorrido. Fue duro, con el sol a todo, un calor abrumador, y muchos kilómetros de distancia. Me concentré en llegar de un punto de control a otro. A veces escuchando música con mi ipod, a veces platicando con otro competidor que me encontraba en el camino y otras, perdido en mis pensamientos y meditando.
En el camino me tocó subir dos grandes dunas que en vez de arena parecían de harina, con unos 80 metros de altura. Pero que despúes del esfuezo me premiaron con una vista espectacular del desierto.
De noche, el camino se hizo dificil, pues soplaba un fuerte viento, que levantaba grandes cantidades de arena que me daban de frente. Parecía que estaba nevando polvo. A veces, el viento se ponía tan fuerte, que me podía recostar en el. Se sentía nítido estar solo, de noche, en la penumbra de la luz de la luna, con el viento soplando a todo, viviendo este desierto tan espectacular. Y sin embargo, nunca me sentí solo o como que estaba perdido. Quizá porque caminaba con un propósito y una meta definida.
Al llegar al último punto de control me senté un rato para estirarme, pues sentía que se me acalambraban las pantorrillas. Allí me encontré con Ilya, un copedidor Ruso, que se miraba exhausto. Yo estaba realmente agotado pero ya solo falataban 9 KM para terminar. Así que con mucho entusiasmo salí caminando a todo, rumbo a la meta.
Quedando 3 KM se me desboradaba la energía de la alegría de saber que estaba muy cerca. Iba en subida, un con el viento en contra, en un camino de arena muy blanda, mucha de la cual se levantaba y me caía en la cara, pero sentía muy cerca la meta y me heché a correr. A estas alturas ya no sentía ni los pies ni las piernas. No me importaba nada excepto llegar. A lo lejos , en lo alto del cerro que venía subiendo, se miraba una gran formacion de roca y un aura de luz, seguramente allí estaba el campamento. Estaba emocionado y lo único que se me ocurrio, además de correr, fue ponerme a cantar. Y no se porqué la única canción que se me vino a la mente fue La Banda del Carro Rojo. Así que cantando las pocas estrofas que se de esta canción enfilé hacia la meta.
Al llegar a la cima via la meta y escuche el tambor que hicieron retumbar en cuando me vieron cerca. Y así, entre el ruido de los tambores, llegué desboradando de emoción y muy feliz, corriendo y gritando …
¡Hombres … de Maiz ! ¡Hombres … de Maiz ! ¡Hombres … de Maiz !
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